
Las napolitanas, ese sabroso y crujiente dulce hojaldrado que tanto disfrutamos en los desayunos y meriendas, tienen un origen que a menudo sorprende a quienes asumen que su procedencia está ligada a la ciudad italiana de Nápoles. La realidad es muy distinta: el origen de las napolitanas se encuentra en Viena, la capital de Austria. Es en esta ciudad, durante el siglo XVII, donde los pasteleros vieneses comenzaron a trabajar con masas hojaldradas, una técnica que hoy asociamos directamente con productos como los croissants. Estas masas se elaboraban mediante un proceso de doblado y plegado que generaba múltiples capas, logrando esa textura única que es crocante por fuera y suave por dentro.
La confusión con su nombre se debe, en gran parte, a su difusión posterior. Aunque la napolitana no es de Nápoles, su llegada a otros países europeos, especialmente Francia y España, le dio una nueva vida y, con el tiempo, también un nuevo nombre. En Francia, por ejemplo, estas delicias son conocidas como pain au chocolat, y son ampliamente reconocidas como una joya de la repostería francesa. Más tarde, cuando la receta llegó a España, adoptó el nombre con el que hoy la conocemos: napolitana.
¿Por qué se le llama napolitana?
El nombre “napolitana” puede resultar engañoso, ya que sugiere una procedencia napolitana que no se corresponde con la realidad histórica. Entonces, de dónde es la napolitana realmente? La explicación más difundida apunta a una posible sátira histórica: el término napolitana haría referencia a Isabel I de Castilla, quien ostentó el título de reina de Nápoles a partir de 1504. Se cree que el nombre pudo surgir como una forma de mofa hacia ella, aunque esta teoría no está completamente confirmada, sí ha sido una de las más respaldadas a lo largo del tiempo.
Otra interpretación sugiere que el nombre hace alusión a la forma en que la masa se enrolla, recordando visualmente a ciertos estilos de bollería napolitana, aunque esto tampoco implica que su creación tenga relación directa con la ciudad italiana. En cualquier caso, el nombre ha perdurado y ha llegado a formar parte del vocabulario cotidiano, especialmente en países de habla hispana.
Napolitanas: su origen real
El origen de la napolitana se sitúa con firmeza en la tradición pastelera vienesa del siglo XVII. En esa época, los panaderos y reposteros de Viena comenzaron a experimentar con la técnica del hojaldrado, que consiste en intercalar capas de mantequilla entre la masa, doblándola repetidamente para crear una estructura ligera y laminada. Este método, además de innovador, dio lugar a una nueva categoría de productos de panadería, entre los que se encuentra la predecesora de la napolitana actual.
Durante el siglo XIX, un panadero austríaco llamado August Zang llevó estas técnicas a Francia, donde adaptó la receta y contribuyó a la popularización del pain au chocolat, una variante que comparte muchos elementos con la napolitana. A partir de ahí, la receta se difundió por Europa y fue adoptada en distintos países con ligeras modificaciones. En España, la napolitana dulce adquirió gran protagonismo en las vitrinas de panaderías y cafeterías, convirtiéndose en un imprescindible para el desayuno o la merienda.
Napolitana dulce y su historia
Con el paso del tiempo, el pastel de napolitana ha experimentado una evolución notable. Su receta ha sido reinterpretada por distintas culturas y adaptada a las preferencias locales. En Francia, como ya se mencionó, la versión más conocida es el pain au chocolat. En España y en América Latina, sin embargo, la napolitana dulce ha adquirido vida propia. Lejos de limitarse al relleno de chocolate, se ha diversificado hasta incluir variantes con crema pastelera, cabello de ángel, manzana e incluso versiones saladas con jamón y queso.
Este fenómeno ha hecho que, aunque su cuna sea Viena, hoy la napolitana de dónde es se pueda responder con muchas ciudades que han adoptado y reinterpretado esta delicia. Cada una ha contribuido a su evolución, haciéndola parte de su tradición gastronómica.
¿Cómo se llaman las napolitanas en Francia?
Si bien en España y Latinoamérica las conocemos como napolitanas, en Francia se les da otro nombre que refleja su estilo y relleno característicos: pain au chocolat. Esta versión, también elaborada con masa hojaldrada, se rellena con dos barras de chocolate oscuro y se pliega en una forma rectangular antes de hornearse. Tal y como encontrarás en nuestra croissantería. Es uno de los productos de bollería más queridos y consumidos en el país, especialmente en el desayuno, acompañado de un café o un zumo de naranja.
La coincidencia entre ambos productos no es casual, ya que comparten un origen común en la pastelería vienesa. Lo que cambia es el enfoque cultural de cada país en la forma de nombrarlo y adaptarlo, lo cual enriquece aún más la historia de este bocado universal.
Pastel napolitana: dulce y salada
A medida que este dulce hojaldrado viajaba por Europa y cruzaba el Atlántico, fue recibiendo distintas versiones según los gustos y costumbres de cada región. En Argentina, Uruguay y otros países de América Latina, la napolitana dulce se convirtió en una pieza clave de desayunos y meriendas. Sin embargo, su versatilidad permitió que también surgieran versiones saladas, incorporando rellenos como jamón cocido, queso, espinacas o incluso carne.
Esta flexibilidad en la receta ha sido, sin duda, una de las claves de su éxito internacional. Hoy en día, el pastel de napolitana puede encontrarse en múltiples formatos, desde presentaciones gourmet en panaderías artesanales hasta opciones más comerciales en supermercados y grandes cadenas. Su presencia global es testimonio del poder de la tradición repostera vienesa y de su capacidad de adaptación a lo largo del tiempo.
Así que, cuando te preguntes de dónde son las napolitanas, recuerda que su verdadera historia comenzó en Viena y no en Nápoles, como muchos creen. Y aunque el nombre pueda ser engañoso, lo cierto es que su sabor ha traspasado fronteras, evolucionando sin perder su esencia: una delicia hojaldrada que conquista por igual a quienes prefieren el chocolate, la crema o incluso los rellenos salados. ¿La próxima vez que pruebes una, te acordarás de su verdadero origen?