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Mantecados de Almendra caseros Del Rosal

Mantecados de Almendra Caseros

Empezamos con uno de nuestros productos navideños más demandado, los Mantecados de Almendra Caseros. Os contamos un poco su historia, para que sepáis porque son tan aclamados.

La receta que hacemos pertenece a la familia Del Rosal desde sus orígenes y se ha mantenido imperturbable desde entonces. Es una receta que proviene de la parte noroeste de la provincia de Almería.

El proceso que seguía antiguamente era el siguiente:

Se recogía la almendra, seleccionándose la mejor para hacer los mantecados y otros productos navideños.

La harina, procedía de la siembra de trigo que se recolectaba y se trillaba en la era. Luego se llevaba al molino para su molienda. La harina, aparte de de usarse durante todo el año en los hogares, también era utilizada para hacer trueques.

De la manteca, que procedía de la matanza, se guardaba una parte para hacer los dulces de navidad.

Lo mismo se hacía con los limones, se guardaban los que mejor aspecto tenían para luego rallarlos y darles ese toque tan característico de los mantecados de almendra.

La tradición era ir al horno que tenía la familia Del Rosal, en la antigua tahona (panadería, establecimiento en que se hace y cuece pan) que regía Antoñica “la del horno”, madre de Paco del Rosal, en Fiñana y amasar allí los mantecados.

Las caseras (mujeres del pueblo que iban a la tahona a hacer los dulces. Generalmente vecinas del pueblo) le pedían la vez para ir  y amasaban usando las artesas (recipiente rectangular, generalmente de madera, cuyos cuatro lados se van estrechando hacia el fondo, que se usaba para amasar el pan, para mezclar sustancias, etc.) que allí había o se llevaban sus lebrillos de barro (recipiente tradicional de barro vidriado, con forma de tronco de cono invertido y similar a un plato hondo o una fuente circular, pero de mayor tamaño).

Una vez amasado se echaba la masa sobre los linteros (mesa de trabajo del panadero, confeccionada en madera pesada y dura)  y se aplastaba con las manos.

Se le iba dando la forma adecuada y se colocaban en las latas y se pintaban de huevo para luego cocerlos.

El horno en el que se cocían era de leña y había que madrugar para limpiarlo. Una vez limpio se caldeaba con leña, que procedía de la tala de los arboles que se hacía para clarear los bosques de las sierras que rodean Fiñana.

Para comprobar que el horno tenía la temperatura adecuada se hacían varias pruebas hasta que se conseguía el punto deseado.

La tahona se llenaba de aromas a almendra tostada, a limón, a la leña ardiendo. Aromas que eran toda una delicia. Aún hoy en día cuando los estamos cociendo nos hacen recordar con cariño y nostalgia aquellos tiempos.

De la cocción, que es toda una ciencia, se encargaba Antoñica. Sus años de experiencia eran esenciales para darle el toque justo de cocción a los mantecados.

Una vez cocidos se dejaban enfriar, y las caseras los guardaban en unas ollas grandes de porcelanas que tapaban con unos manteles para luego consumirlos.

Los mantecados se hacían tanto duros como blandos.

Hoy seguimos haciendo los mantecados con la misma receta y elaborándolos prácticamente  de la misma manera.  Algunos pasos se han mecanizado, como el amasado que ya no se hace a mano sino con amasadoras. Tampoco se cuece en horno de leña, se usan hornos eléctricos.

Todo lo que resta de proceso se sigue haciendo a mano. Seguimos dándole esa forma tan característica a mano y se pintan con huevo uno a uno.

Se envasan cuidadosamente para ser repartidos por toda nuestra provincia, desde Adra y Roquetas de Mar hasta Mojácar y Vera.

En Almería los puedes probar en algunas de nuestras cinco tiendas distribuidas por la ciudad y en Huércal de Almería.

Esta forma de elaboración artesanal hace que cada mantecado sea una pieza única y al probarlo te hace sentir parte de una gran tradición.

 

 

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